Instalar un invernadero victoriano en un jardín del País Vasco es un proyecto poco habitual, y precisamente por eso queremos enseñarte uno de verdad. En este artículo te mostramos, fase a fase y con fotos reales de obra, cómo llevamos a cabo la instalación completa de un invernadero victoriano y la creación del jardín que lo rodea en una finca privada de Errigoiti, en plena Bizkaia rural: desde el zócalo de ladrillo hasta el césped recién extendido, pasando por los días de lluvia que no detuvieron el montaje.
Si estás pensando en incorporar un invernadero a tu jardín o simplemente tienes curiosidad de cómo se hace, este es el proceso real, sin adornos.
El encargo: un invernadero victoriano en una finca de Errigoiti
El proyecto consistía en la instalación de un invernadero victoriano de aluminio lacado en negro sobre zócalo de obra, y la posterior creación del jardín que lo integra: césped, sendero de piedra natural, arbolado singular y zonas de plantación. El objetivo salta a la vista en el resultado: un espacio de cultivo utilizable durante todo el año, integrado en el paisaje de la finca como una pieza más del jardín.
Un invernadero de este tipo no es un elemento que se «coloca» en el jardín: es una pequeña construcción con cimentación, albañilería y acristalamiento que condiciona —y protagoniza— todo el diseño del espacio exterior. Por eso el proyecto se planteó como un conjunto, no como dos trabajos separados.

El invernadero ya muestra su estructura definitiva: cubierta con ventilación abatible, crestería decorativa y base de ladrillo artesanal
El proyecto, fase a fase
Estas fueron las fases del proyecto, en el orden real de ejecución:
Instalación de la base: zócalo de ladrillo visto y suelo de baldosa hidráulica
Todo invernadero duradero empieza por debajo. En este proyecto, la estructura se asienta sobre un zócalo perimetral de ladrillo visto rojo, levantado de forma artesanal, que cumple tres funciones: aislar la estructura de la humedad del terreno —un factor crítico en Bizkaia, donde llueve más de 1.200 mm al año—, dar estabilidad al conjunto y aportar el carácter clásico que define a los invernaderos victorianos.
En el interior se instaló un suelo de baldosa hidráulica, una elección tan estética como práctica: soporta bien la humedad constante, se limpia con facilidad y evoca los invernaderos ingleses del siglo XIX que inspiran este tipo de construcción.
El montaje de la estructura: aluminio negro bajo la lluvia vasca
¿Qué es un invernadero victoriano? Es un invernadero de inspiración inglesa del siglo XIX, caracterizado por su cubierta a dos aguas con fuerte pendiente, la crestería ornamental en el caballete, la estructura esbelta —tradicionalmente de hierro forjado, hoy de aluminio lacado— y el zócalo bajo de obra o ladrillo sobre el que se asienta el acristalamiento.
La estructura de este proyecto es de aluminio lacado en negro: mantiene la estética clásica del hierro victoriano, pero sin su mantenimiento ni sus problemas de corrosión, algo decisivo en un clima húmedo como el vasco.
El montaje se realizó pieza a pieza sobre el zócalo terminado. Y sí: parte del trabajo se hizo bajo la lluvia, porque en un invierno de Bizkaia esperar al día seco puede significar parar la obra durante semanas. La ventaja del aluminio es precisamente esa: la lluvia no compromete ni el material ni el montaje.


Acristalamiento y ventilación: la clave para que no se convierta en un horno
Con la estructura montada llegó el acristalamiento, incluidas las ventanas de cubierta practicables. Este detalle, que pasa desapercibido a simple vista, es el que separa un invernadero útil de uno inservible: sin ventilación cenital, el aire caliente se acumula en la parte alta y las temperaturas interiores se disparan incluso en días templados.
En el País Vasco, donde la radiación solar es moderada pero la humedad ambiental es alta, la ventilación cumple una segunda función igual de importante: renovar el aire para reducir la condensación y prevenir hongos en las plantas.
El interior del invernadero: bancales elevados, semilleros e iluminación de cultivo
El interior se equipó para trabajar, no solo para lucir. Se instalaron bancales elevados de madera a altura de trabajo —que evitan agacharse y mejoran el drenaje del sustrato— y una zona de semilleros con iluminación LED de cultivo, que permite adelantar la germinación de hortalizas en los meses de menos luz, algo especialmente valioso en el norte.
Hoy el invernadero funciona a pleno rendimiento: los bancales acogen semilleros de hortalizas jóvenes, que conviven con plantas de interior que agradecen el ambiente cálido y luminoso, como la kentia (Howea forsteriana) y los crotos (Codiaeum variegatum), junto a cestos colgantes que aprovechan la altura de la cubierta.

El jardín alrededor: césped en tepes, sendero de piedra y un olivo centenario
Un invernadero así no puede quedar rodeado de tierra. La segunda fase del proyecto fue crear el jardín que lo integra en la finca.
El césped se instaló en tepes, es decir, en planchas de césped ya desarrollado que se extienden sobre el terreno preparado. Frente a la siembra tradicional, el tepe ofrece un resultado inmediato y uniforme, y reduce el riesgo de fallos de nascencia que la lluvia intensa del norte suele provocar en las siembras. Los palés de tepes llegaron a la finca y se descargaron con grúa, la logística también forma parte de la jardinería.


Se trazó además un sendero de losas de piedra natural que conecta el invernadero con el resto del jardín, y se plantó el arbolado que da carácter al conjunto: un olivo centenario (Olea europaea) sobre un macizo de rocas y corteza como pieza central, acompañado de un cedro llorón (Cedrus atlantica ‘Glauca Pendula’), un palmito (Chamaerops humilis) y arbustos recortados en bola que aportan estructura durante todo el año.
El resultado, al atardecer, habla por sí solo: césped nuevo, arbolado singular y el invernadero iluminado integrado en el paisaje de Errigoiti.

¿Tiene sentido un invernadero en el clima del País Vasco?
Rotundamente sí, y quizá más que en otras zonas de España. Estas son las razones concretas:
- Alarga la temporada de cultivo. Permite adelantar semilleros a finales de invierno y mantener cosechas cuando fuera ya no es posible.
- Protege de la lluvia persistente. Muchas hortalizas y plantas sensibles sufren más por exceso de agua y hongos que por frío; bajo cristal, ese problema desaparece.
- Compensa la falta de luz. Combinado con iluminación de cultivo, permite germinar y crecer plantas en los meses más oscuros del año.
- Protege del viento y las galernas. Un factor que en las zonas costeras y de campa de Bizkaia castiga especialmente a las plantas jóvenes.
- Es un espacio habitable. Un invernadero victoriano bien resuelto funciona también como estancia: un lugar donde estar entre plantas cuando fuera diluvia.
La clave está en el diseño: ventilación suficiente para el verano, una base que aísle de la humedad del terreno y materiales que aguanten el clima atlántico sin mantenimiento constante.
Preguntas frecuentes sobre invernaderos de jardín
El victoriano es una construcción permanente: zócalo de obra, estructura de aluminio o hierro, cristal y cubierta a dos aguas con crestería ornamental. Un invernadero convencional de túnel o policarbonato es más económico y funcional, pero no aporta valor estético ni durabilidad comparable. El victoriano se plantea como parte del diseño del jardín, no solo como herramienta de cultivo.
En la mayoría, sí, pero hay tres condicionantes: una superficie con buena orientación (idealmente sur o sureste), un terreno que admita la cimentación del zócalo y acceso para el material; en el proyecto de Errigoiti, por ejemplo, los tepes de césped y parte del material se descargaron con grúa. Al ser una construcción permanente, conviene consultar también la normativa municipal antes de empezar.
Muy poco, y esa es una de sus grandes ventajas frente al hierro o la madera en un clima húmedo. El aluminio lacado no se oxida ni necesita repintado. El mantenimiento se limita a la limpieza periódica de los cristales para conservar la luminosidad, la revisión anual de juntas y ventanas, y el control de la ventilación en verano.
No hay un plazo único: depende del tamaño del invernadero, la obra de base y el alcance del jardín. Lo que sí es fijo son las fases y su orden: cimentación y zócalo, montaje de la estructura, acristalamiento, equipamiento interior y creación del jardín. Algunas tienen tiempos de espera técnicos que no se pueden acelerar (el fraguado de la obra, por ejemplo) y la meteorología del norte también condiciona el calendario, así que un proyecto integral de este tipo se planifica en semanas, no en días.
Sí. En Ferbar Gardens diseñamos y ejecutamos proyectos de jardín e instalaciones como esta en Bizkaia, Gipuzkoa y Álava, desde fincas rurales como la de este proyecto en Errigoiti hasta jardines urbanos, comunidades y empresas.
Tu jardín también puede tener un proyecto así detrás
Cada jardín que diseñamos parte de lo mismo que has visto en este artículo: escuchar lo que el cliente necesita, resolver bien la base técnica y cuidar el detalle hasta el final. Si estás pensando en transformar tu espacio exterior —con o sin invernadero—, en Ferbar Gardens nos encargamos del proyecto completo: diseño y creación del jardín, instalación de sistemas de riego y el mantenimiento posterior para que luzca así todo el año.
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